Heliogábalo

Heliogábalo era el hombre y la mujer.

Y la religión del sol era la religión del hombre, pero que nada podía sin la mujer, su doble, en la que se reflejaba.

La religión del UNO que se cortaba en DOS para actuar.

Antonin Artaud, Heliogábalo

Obras de referencia

Se parte de dos obras de una visualidad diametralmente opuesta. La visión edulcorada de Alma-Tadema da rienda suelta a una paleta de tonos cálidos y representa una escena tragicómica, posiblemente inventada, en la que los invitados de Heliogábalo se asfixian bajo una montaña de pétalos de rosa. La extraña lentitud con que parece desarrollarse la acción potencia el contraste entre el goce sensorial de los retratados y la perversidad de la excéntrica trampa a la que son sometidos.

La pieza de Kiefer, al contrario, insisite en los tonos cenicientos en una composición en la que el sol habría de ser el protagonista: el «Sol Invictus» escrito en el carro alude al dios sol que Heliogábalo adoraba o que incluso quiso llegar a encarnar. También parecen girasoles las flores que yacen en el carro (si bien estas flores, originarias de Centroamérica, nunca se vieron en Roma) y las alas que coronan la composición remiten por descontado a Ícaro (Dédalo, el padre de Ícaro, construyó tras la muerte de su hijo un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios). Pareciera que el sol acabara de engullir a Heliogábalo, castigado por haber querido hacerle sombra, o que ambos hubieran perecido dejando un paisaje gris y desolado. Kiefer deja claro con el título de su obra que esta no es un homenaje genérico a Heliogábalo, sino a la particular visión que aporta Artaud.

De madre a hijo, los sacerdotes de Emesa, que desde hacía mil años y más procedían de los Samsigerámidas, heredaban el reino y la sangre del sol. De madre a hijo, porque en Siria, la descendencia se contaba a través de las mujeres: la madre hacía de padre, tenía los atributos del padre y, desde el punto de vista de la propia generación se la consideraba como primogenitor. Digo bien: PRIMO GENITOR.

Ello quiere decir que la madre era el padre, que la madre era el padre, y que lo femenino engendraba lo masculino. Y hay que relacionarlo com el sexo masculino de la luna que impide que quienes lo veneran sean nunca cornudos.

Antonin Artaud, Heliogábalo

Elagabalium

Planta del Elagabalium

El Elagabalium era un templo con una estructura con columnas de unos 70 metros por 40, en frente del Coliseo, dentro de un recinto de columnas. La plataforma del templo se construyó en principio bajo Domiciano entre 81–96, y pudo haber sido lugar de culto a Júpiter. Los restos de esta terraza aún se ven hoy en la esquina noreste de la colina Palatina.

Cuando Heliogábalo se convirtió en emperador en el año 218 el templo se amplió y se cambió de advocación, dedicándolo al dios El-Gabal, la deidad patrona de su lugar de nacimiento Emesa en Siria. Heliogábalo lo rebautizó como Deus Sol Invictus y personalmente dirigió un culto que veneraba a esta deidad. Deus Sol Invictus estaba personificado por una piedra negra cónica, que se ha sugerido que pudiera ser el trozo de un meteorito.

Después de la muerte de Heliogábalo el templo fue de nuevo dedicado a Júpiter por Alejandro Severo. Un segundo templo, menor, dedicado al dios El-Gabal, fue construido donde actualmente se encuentra la iglesia de La Santa Cruz de Jerusalén.

Imagen estroboscópica

Fotografía de Gjon Mili (1904-1984) para la revista Life